la Imaginación es una de las mejores herramientas de la mente humana. Con ella somos capaces de crear realidades inexistentes, resolver problemas y visitar el futuro, para vernos utilizar habilidades y destrezas que no tenemos en el momento actual.
Prevenir es mejor que curar. Por eso, educar la imaginación y promover su desarrollo es una competencia excelente del educador, padre o maestro, que se propone crear hombres y mujeres autónomos, creativos y capaces de resolver sus problemas.
Robert Desoille descubrió un nuevo registro de la imaginación: comprobó que puede ser un instrumento que cura, un medio al servicio de la salud mental. Los ensueños de ascenso y descenso favorecen que la persona se reconcilie con su poder. Ésta es condición previa a toda curación. Después, la persona es capaz de revisar los hábitos que le acarrean sufrimiento y movilizar su impulso para afrontar los retos que tiene planteados.
Este libro, además de contener un banco de 26 ensueños, presenta una experiencia real de su empleo como medio didáctico. La mayor parte de los ensueños son originales; otros han sido revisados y todos ellos, en virtud del objetivo que se pretenda, son utilizables en el aula o en la consulta del terapeuta.
En cualquier otro momento, el ensueño es aplicable cuando la persona desee, o necesite, contactar con su niño interior, el tesoro personal, la parte sensitiva, emocional, lúdica y poderosa que habita en cada ser humano desde su nacimiento hasta su muerte.
Cuidar este recurso ha de ser una labor ordinaria de respeto a la persona que somos y queremos ser.
Me satisface presentar este libro sobre la técnica del ensueño dirigido, cuyo descubrimiento debemos a Robert Desaille, tan ilustre y leal francés como inquieto buscador universal.
En primer lugar, he de decir que Desaille fue militar por tradición familiar, ingeniero de oficio y psicólogo por devoción y vocación. En efecto, fue un psicólogo emergente -no académico, como Melanie Clein y Otros-, que indagó sobre contenidos y métodos de diferentes escuelas para decidir situarse fuera de todas ellas.
Sin embargo, no era un crítico errático. En su andadura configuró su personalidad, singular y bien diferenciada en el plano intelectual, así como distinguida y elegante en su vida social.
Al final, logró ser un soñador que cura. Libre, como sus ensueños. Un manantial de energía sanadora. Tan potente como uno de sus volcanes y, a la vez, tan suave y ligero como un arroyuelo de agua pura.
A su muerte, la técnica del ensueño se ha difundido por el mundo entero. El Groupe International Rêve Eveillé Dirigé (GIRED) que fundaron algunos de sus discípulos, ha proliferado.
Con el nombre de Fundación Argentina de Psicoterapia Simbólica, Buenos Aires vio cómo fructificaba el trabajo desarrollado por la Dra. Ennis. Hoy disponen de una revista, así como de una interesante bibliografía.
En 2002, bajo la dirección de Jean Mare Henriot, surgió L'Analyse Intégrative Rêve Eveillé. (AIRE), que combina muchos de los conceptos contenidos en este libro, dado que se apoya en el Análisis Transaccional, enriqueciéndolo con conceptos de Jung, la Escuela de Palo Alto y el aroma profundo y liviano del enfoque centrado en la persona de Rogers.
Aún en 2007, de la mano de George Roney, ha nacido L'école du Rêve Eveillé Libre, que señala la vitalidad de la técnica y su vigencia, transcurrridos 45 años de la muerte de Desaille.
El "campus" del Instituto Francés de Madrid se honra de presentar esta obra de su alumno, don Francisco Massó, psicólogo clínico del Ilustre Colegio de Psicólogos de Madrid y miembro didacta de la Asociación Iberoamericana de Análisis Transaccional.
Deseo fervientemente el éxito de este buen trabajo y que pueda servir de semilla para un seminario permanente de ensueño dirigido, a la manera del que mantuvo en París el propio Desoille, hasta su muerte en 1966.
Madrid, 6 de junio de 2011
Jean-Jacques BEUCLER
Directeur Délégué Institut Français
Este trabajo se apoya en una experiencia de cerca de treinta años, de utilización de la técnica de ensoñación. Y, si bien es cierto que el hábito no hace al monje, la práctica habitual, mensual, semanal y siempre constante de esta técnica concreta me deja una sabiduría creativa, si vale la antinomia, un saber práctico que arranca del quehacer cotidiano.
Por tanto, mi pretensión ni siquiera tiene aspiraciones de aparecer como una conclusión empírica ni mucho menos científica. Me he limitado a arropar mis apreciaciones con los conceptos teóricos necesarios y la presentación del aparato técnico, tal como lo diseñó Desoille, con las variaciones posteriores que otros han introducido posteriormente. Yo tampoco he sido un ortodoxo ejerciente de la técnica y me he permitido las licencias que el lector podrá apreciar.
He añadido un Capítulo sobre estados del yo y otros conceptos básicos, en gracia a los lectores que desconozcan el Análisis Transaccional y que necesitan esos conocimientos para comprender los capítulos siguientes.
Esta versión sobre los estados del yo obedece a un enfoque constructivista, que resalta el protagonismo de cada persona en la labranza de su identidad, de su modo peculiar de adaptación frente al mundo y del sistema de convivencia que genera.
Prescindo del análisis funcional de Karpman, por ser, a mi juicio, insuficiente e incorrecto, según he defendido en otra publicación anterior.
La pretensión general es transmitir el aprendizaje, constituido día a día, que durante estos largos años no ha agotado mi capacidad de sorpresa. Cuanto comparto en estas páginas ha sido pacientemente acumulado. Hoy lo siembro con la seguridad que, sin duda, redundará en cosechas fértiles.
En este sentido es particularmente valiosa la experiencia de la escuela de música, donde el ensueño ha sido empleado con eficacia, como instrumento educador y didáctico; y la imaginación ha logrado fecundar los sonidos con la plasticidad y el color de las imágenes. Sinceramente, creo que puede ser una experiencia germinal que puede enriquecer no solo la enseñanza de la música, sino la didáctica en general.
Al hablar de la imaginación, me ha resultado preciso introducir el tema de los cuentos, en relación al argumento de vida. Naturalmente, entiendo el argumento con un sentido narrativo, que se reconstruye cada vez que se produce un nuevo relato, sea parcial, sea global. Desde esta hipótesis, cuando a la persona se le da oportunidad de construir un cuento inventado, libre, se utiliza a sí misma como fuente de inspiración. Los autores improvisados hacen el esfuerzo de emplear el lenguaje analógico, como s¡ se dirigiesen a otros niños; pero, solo logran camuflar su biografía personal.
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